La integración cultural de migrantes en condiciones de vulnerabilidad dentro de la cultura local ha permitido que nuevas mezclas lingüísticas coexistan entre sí. Se han revalorizado, protegido e impulsado las lenguas indígenas, así como distintas formas dialectales del español. A partir de ello, han surgido nuevas cosmovisiones y procesos de resignificación histórica. Estas lenguas se han integrado a la economía, la ciencia, la tecnología y la academia, produciendo innovaciones radicales. Una de sus principales implicaciones es que el lenguaje ha redefinido el espacio en términos territoriales. La entidad del país se ha fragmentado para posibilitar formas de coexistencia. México ahora está conformado por múltiples zonas lingüísticas, en donde se establecen relaciones interterritoriales, generando tensiones, negociaciones y soluciones colectivas para subsistir.